En la ciudad de Roma y en Italia en general,
los intentos de agrupar a los mexicanos se han
quedado casi siempre en efímeras iniciativas “asociacionisitas”
y en acciones que no fueron más allá de simples reuniones de amigos,
faltando casi siempre proyectos sólidos y acciones basadas en programas
con un mínimo de estructuración.
Nuestra comunidad, en la actualidad y desde su inicio, ha sido prácticamente
la primera en representar para nuestros coterráneos un punto de referencia
en esta ciudad y la primera en reunir un significativo número de inscritos.
Los motivos de esta consolidación los podemos encontrar en varios ámbitos.
En lo personal nosotros los mexicanos difícilmente perdemos
nuestras raíces. Poseemos una cultura y una identidad muy fuerte de la cual
estamos muy orgullosos, y que inevitablemente se hace más presente cuando estamos
fuera de nuestra Patria.
Seguramente la mayoría de los mexicanos que radicamos en Roma nos hemos integrado
sin problemas al tejido de la sociedad italiana pero nuestra idiosincrasia y
temperamento nos hace buscar una cohesión entre nosotros. La identidad (nacionalidad),
creemos no es un concepto abstracto, necesariamente es un bien colectivo.
Por otra parte todos los mexicanos hemos tenido, en mayor o menor grado una formación
que desde el punto de vista de los valores esenciales, está relacionada con la cultura
y la religión católica. En muchos casos, las más sentidas tradiciones de nuestro pueblo,
aún las de origen pagano, se entrelazan indisolublemente con la religión católica.
Así, no ha sido casual que nuestra religión católica haya sido un perno para reunir
y conglomerar a muchos de nosotros al rededor del concepto “Comunidad católica mexicana”.
Evidentemente esta característica fue un catalizador que las anteriores iniciativas para
crear asociaciones adolecieron.
Esta concepción entre nosotros, y el deseo de reunir al mayor número de mexicanos, nos motivaron
para elaborar un proyecto que finalizó en la creación de nuestra comunidad...
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